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sábado, 14 de abril de 2012
sábado, 7 de abril de 2012
Tormentas y esperanzas
Me gusta disfrutar de esos momentos de calma que preceden a la tormenta, cuando sabes que va a ocurrir algo importante, pero ya que has hecho todo lo que podías hacer y sólo queda esperar. No sabes qué, y no sabes si será bueno o malo, pero de alguna manera sientes que estás a punto de cruzar un punto de inflexión.
A veces pienso que es en esos momentos en los que me siento más vivo, quizá porque anticipo el subidón de adrenalina, porque sé que después, en el ojo del huracán, no voy a ser capaz de darme cuenta de nada.
Quizá se deba a mi manera casi patológica de vivir en el futuro, porque es en estos momentos cuando casi lo puedo paladear, cuando está a punto de convertirse en presente, cuando uno está lleno de esperanzas.
A lo mejor se debe a un ataque de optimismo o quizá se deba a que empieza la primavera, aunque lo haga de esta manera, pasada por agua. Es poco probable que se deba a mi próximo cumpleaños, aunque nunca se sabe.
En cualquier caso: Señores, disfruten del momento, que se acaba...
jueves, 22 de marzo de 2012
Reyes y corbatas
He descubierto esta fabulosa noticia de ABC, gracias a Malaprensa:
Creo que es de tal absurdo que no se puede refutar con un razonamiento.Pese a todo me quedo con:
La República es un sistema más natural; es decir, es más elemental, más retrasada. Toda la civilización es una resta a lo natural. Todo lo que es más natural es más inferior. El reparto comunal de los bienes es más natural que la propiedad. Toda la civilización —los Reyes, la propiedad, el contrato matrimonial— implica un elemento de modernidad y es complicación y artificialismo, sobrepuestos, como freno y límite, a esas naturalidades. Como son también añadiduras a lo natural la educación, los modales o la corbata.
Es decir, que la Monarquía es a la sociedad lo que la corbata a la vestimenta: un adorno incómodo, caro y generalmente superfluo.
domingo, 4 de marzo de 2012
martes, 7 de febrero de 2012
Para vivir no quiero...
Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».
Pedro Salinas
domingo, 1 de enero de 2012
Nacionalismo
Al final, el pensamiento nacionalista se resume en la sublimación de un sentimiento de pertenencia a un grupo, por encima de la pertenencia a un grupo mayor.
El problema es que ese sentimiento se puede generar, fomentar y acrecentar de manera artificial, aunque luego se busquen justificaciones históricas, lingüísticas e incluso biológicas. Y es algo que una vez creado se alimenta a si mismo.
Se podría decir que es la magnificación de la diferencia por encima de la similitud, aunque creo que en el fondo la esencia no es distinta a la de sentirse especial por pertenecer a un club secreto, con sus ritos, sus contraseñas y su jerga.
Uno debería preguntarse si realmente merece la pena.
sábado, 31 de diciembre de 2011
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